La demanda de alcohol entre los jóvenes españoles desde una perspectiva de género
Resumen:

El objetivo principal de este artículo es analizar la demanda de bebidas alcohólicas entre los jóvenes españoles desde una perspectiva de género. Desarrollamos un marco empírico que combina elementos de las teorías de desagregación del presupuesto y de la adicción mediante un sistema de demanda cuadrático casi ideal. La estimación se concreta en la sociedad española con la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar (2000). Entre los principales resultados destacamos que una menor capacidad adquisitiva del individuo (vía incremento de precios o reducción del gasto) contiene la participación presupuestaria destinada a la compra de bebidas alcohólicas, por lo que las políticas fiscales son efectivas en la reducción del consumo de alcohol entre los adolescentes. La cerveza y, sobre todo, los licores son bienes de lujo para los hombres, mientras que para las mujeres el vino representa un bien normal ordinario.

Abstract:

The main goal of this paper is to analyze the demand for alcoholic beverages among Spanish young males and females. To that end, we develop an empirical model which combines elements from the Theory of Two-Stage Budgeting and the Theory of Addiction in a Quadratic Almost Ideal Demand System. We carry out the estimations with data mainly drawn from the Spanish National Survey on Drug Use in the School Population (2000). As a main result we highlight that lower purchasing power reduces the budget share allocated to buy alcoholic beverages, so fiscal policies will reduce the alcohol demand among teenagers. There is also empirical evidence that wine behaves as ordinary goods for women, whereas beer and spirits are luxury goods for men.

Palabras clave:
    • demanda;
    • alcohol;
    • género;
    • adolescentes;
    • adicción;
    • sistema de demanda cuadrático casi ideal.

Introducción

Aunque el consumo de alcohol está socialmente aceptado en España y en la mayoría de los países, no debe olvidarse que se trata de una droga y, por tanto, su consumo reiterado genera adicción. Puesto que la adicción se caracteriza por los efectos de tolerancia y refuerzo, es tas características deben reflejar se en la función de utilidad individual. La característica de tolerancia se fundamenta en que una mayor demanda de bebidas alcohólicas en el presente, reduce la utilidad futura. La característica de refuerzo impone que un incremento en el consumo presente del bien adictivo va a acrecentar el deseo de su consumo en el futuro (Becker y Murphy, 1988; Becker et al, 1991; Becker et al, 1994). Según un trabajo de investigación centrado en los jóvenes taiwaneses, un mayor consumo pasado de alcohol está asociado a un menor grado de satisfacción para ambos sexos, con una repercusión superior para las mujeres (Yeh et al, 2006).

Una consecuencia que se infiere del párrafo anterior es que tanto la decisión de beber o no alcohol, como la dimensión de las cantidades consumidas, son relevantes para el estudio de las sustancias adictivas. Para el caso concreto de las bebidas alcohólicas existen diversas maneras de computar el consumo alcohólico realizado por el individuo. Podemos obtenerlo, por ejemplo, calculando el volumen de alcohol puro, o anotando el número de consumiciones. En función de cuál sea nuestro objetivo principal mediremos el consumo de alcohol de diferente manera. La idea de introducir la ingestión de gramos de etanol, en lugar del número de bebidas alcohólicas, radica en que de esta manera se puede controlar sencillamente la repercusión del alcohol en el organismo del individuo (Greenfield, 2000). No es lo mismo consumir una cerveza que un whisky, ya que un licor fuerte tiene alrededor de 40% de alcohol, mientras que para la cerveza está en torno de 8%. Una opción atractiva es la propuesta por Rodríguez-Martos et al (1998), quienes determinan el valor de la Unidad de Bebida Estándar (UBE) del estado español. Dicho valor hace referencia al contenido medio en alcohol de un consumo habitual, tal que en España el valor de la UBE se establece en 10 gramos, que equivalen al contenido medio de alcohol de una consumición de vino o cerveza y a media de los destilados. El valor de la UBE es distinto para cada país, e incluso puede llegar a variar considerablemente dentro de una misma nación, en función de la graduación de la bebida y el volumen del recipiente, y según épocas, culturas o incluso individuos. Estas medidas no están exentas de problemas, pues por ejemplo los destilados tienen mayor concentración de alcohol en los núcleos urbanos más pequeños, mientras que los vinos y cervezas se sirven con más generosidad en las grandes ciudades (Llopies et al, 2000). Además, los consumos realizados en casa o en espacios públicos divergen considerablemente, lo que dificulta la rigurosidad del registro de las consumiciones (Gual et al, 1999). De cualquier manera, la generalización del uso de la UBE, como instrumento de registro de consumos alcohólicos, puede facilitar enormemente la detección de actitudes de riesgo, además de simplificar los estudios del consumo de alcohol.

Las diferencias de género también se trasladan a lo que se entiende por un consumo de riesgo: mientras que para los hombres se sitúa en una in gestión de más de 4 UBE, para las mujeres se reduce a 2.4 UBE. Con la misma dosis de alcohol, una mujer se intoxica más y más rápido que un hombre, porque junto al hecho de que por lo general cuenta con menos tejido graso y menos cantidad de agua y sangre en el cuerpo, el organismo femenino dispone de una menor cantidad de la enzima "deshidrogenada alcohólica" en el hígado, por lo que degrada peor el alcohol. De cualquier manera, las diferencias de consumo entre hombres y mujeres tienden acortarse, pues éstas tienen como referente de consumo realizado por los varones (Lewis et al, 2006).

Hasta el momento el principal instrumento empleado por los gobiernos para reducir el consumo de las drogas legales (tabaco y alcohol) son los impuestos, pues aumentan inmediatamente el precio de las bebidas alcohólicas. Un incremento en el precio de las bebidas alcohólicas reduce su demanda, pues se merma la capacidad adquisitiva del individuo y se encarecen las bebidas alcohólicas en comparación con el resto de bienes y servicios. Cook y Moore (2001), si bien no desmienten el efecto de los impuestos en la demanda de estos productos por parte de los jóvenes, matizan que su intensidad es sobrevalorada, teniendo que justificar dicha reducción en la presencia de otras políticas, como el incremento de la edad mínima legal de venta de bebidas alcohólicas o la prohibición de beber bebidas alcohólicas en espacios públicos.

Debido a que la imposición fiscal en materia de alcohol es distinta según tipos de bebidas, en este artículo consideramos las bebidas alcohólicas en dos niveles distintos de agregación. Por una parte, tenemos en cuenta el número de bebidas alcohólicas consumidas semanalmente, independientemente del tipo, y por otra, el número total de consumiciones de vino, cerveza y lico res. La principal contribución que aportamos con este trabajo es examinar la demanda de las distintas bebidas alcohólicas desde una perspectiva de género. Con este fin, nos centramos en un marco teórico en el que se han introducido elementos de la teoría desagregada del presupuesto y teoría de la adicción. El modelo se aplica empíricamente mediante un sistema de demanda cuadrático casi ideal (SDCCI) con datos extraídos de la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar (2000) y Encuesta de Hogares (2000).

El artículo se organiza de la siguiente manera. En la sección I especificamos el marco teórico, mientras que la sección II está dedicada a describir la base de datos y el método de estimación. Los resultados empíricos se analizan en la sección III y, finalmente, resumimos los principales resultados obtenidos.

I. Marco teórico

Según la teoría del presupuesto desagregado (Deaton y Muellbauer, 1980), suponemos que los individuos toman sus decisiones en dos etapas. En la primera, el individuo distribuye su renta en la adquisición de bebidas alcohólicas y el resto de bienes y servicios, mientras que en la segunda, el presupuesto destinado a la adquisición de bebidas alcohólicas se distribuye en la compra de vino, cerveza y licores.

Por tanto, en la primera etapa el consumidor se encuentra ante un problema de maximización de la utilidad sujeta a la restricción presupuestaria en la que se define el consumo de los distintos grupos de bienes y servicios, incluidas las bebidas alcohólicas. Al maximizar la utilidad sujeta a la restricción presupuestaria obtenemos la función de demanda marshalliana del bien adictivo, por lo que podemos obtener el presupuesto destinado a la adquisición de bebidas alcohólicas, MA, en función del presupuesto global del estudiante, M, y de los precios de las bebidas alcohólicas, PA, y de los de más bienes y servicios, PZ.1 Por cuestiones de sencillez operativa, suponemos que el precio del resto de bienes y servicios es constante e igual a la unidad.

Una vez obtenido MA procedemos a la segunda parte del modelo, en la que el individuo decide cómo distribuir el presupuesto óptimo de bebidas alcohólicas entre los diferentes tipos de consumiciones: vino, cerveza y licores. Del problema de maximización obtenemos el gasto óptimo en cada tipo de bebida, Mi, el cual se expresa como función de los precios del vino, cerveza y licores (PW, PB, PS) y de la participación presupuestaria destinada a la adquisición de bebidas alcohólicas (MA).2

De acuerdo con la teoría de la adicción, el precio de las bebidas alcohólicas está infravalorado, por lo que para introducir el precio real en el proceso de maximización de la utilidad debemos tener en cuenta las externalidades negativas de su consumo. El carácter adictivo de las bebidas alcohólicas se resume por medio de un proceso de aprendizaje basado en la experimentación, el cual concretamos en la acumulación de adicción. Para corregir esta situación introducimos la acumulación de adicción en la formación de preferencias.3,4 Como no disponemos de los consumos pasados, consideramos que el número de años que el individuo ha estado consumiendo bebidas alcohólicas es nuestro mejor indicador de la acumulación de adicción. Los individuos que han empezado a consumir bebidas alcohólicas más temprano tienen una tendencia superior a padecer problemas de adicción, y similarmente, el número de periodos que el individuo lleva demandando bebidas alcohólicas está positivamente correlacionado con su consumo futuro (National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, 1995).

Consecuentemente debemos expresar las funciones de gasto en términos de los bienes intermedios, esto es y , usando para ello sus correspondientes precios sombra. Los bienes intermedios deben ser independientes al consumo de los bienes finales,5 lo que impone dos supuestos. Por un lado, el consumo presente depende del consumo pasado y no futuro, lo que implica que el consumidor decide de manera miope (Becker et al, 1994). Por otro, suponemos que es producido con rendimientos constantes de escala, lo que presume que el precio sombra del bien intermedio es igual al precio del bien adquirido en el mercado, xi, dividido por la productividad marginal de producción de , esto es Pi/g(s), o lo que es lo mismo, Pih(S).

En cuanto al modelo SDCCI, éste se caracteriza por la siguiente función de utilidad indirecta (Banks et al, 1997):6

en la que el primer elemento del paréntesis representa una función de utilidad indirecta de un sistema de demanda con preferencias lineales generalizadas precio independientes (SDPLGPI), y λ es una función diferenciable de grado 0 en precios P. Al aplicar la identidad de Roy en la ecuación (1), la participación presupuestaria para el bien i se define como:

(2)

en la que wi = (pixi/MA) representa la participación presupuestaria en cada bien.

Dado que la participación presupuestaria destinada a la adquisición de xi es la misma que la destinada a la adquisición de , podemos introducir la acumulación de adicción en el modelo SDCCI sólo sustituyendo los precios de mercado por los precios sombra. El modelo SDCCI nos permite definir los precios como función de h(S), tal que la restricción presupuestaria es lineal en el logaritmo de los factores, por lo que suponemos que H(S) = S. En este caso el precio sombra será . Además suponemos que:

Este sistema es congruente con la teoría de la demanda si se satisfacen las siguientes condiciones: i) agregación: , ; ii) homogeneidad: , y iii) simetría: .

Sustituyendo (3), (4) y (5) en (2), obtenemos las funciones del SDCCI adictivo expresadas en función de las participaciones presupuestarias:

en que la principal diferencia con respecto al sistema de demanda no adictivo radica en considerar la influencia de la acumulación de adicción en la participación presupuestaria del bien i.

Hasta este punto el modelo explica cómo los chicos distribuyen su presupuesto en la adquisición de bebidas alcohólicas, sin embargo no hace referencia a otra serie de factores sociodemográficos, como la edad o la escolaridad, que puedan afectar a la asignación de las partidas presupuestarias (Michelini, 1999; Lancaster et al, 1999). Debido a que estamos considerando individuos de características homogéneas, pues se trata de estudiantes de secundaria cuya edad oscila en una diferencia máxima de cuatro años, y que sólo un porcentaje muy residual de éstos trabaja, no consideramos necesario deflacionar el presupuesto del estudiante, por ejemplo, mediante las es calas de equivalencia definidas en las técnicas de precio escala (PS) de Ray (1983).

En cuanto a la validez econométrica de las estimaciones, comprobamos la exogenei dad en precios y gasto mediante contrastes de hipótesis del tipo Hausman (Hausman, 1978). Comprobamos la hipótesis de exogeneidad en precios debido a que el sistema de demanda se estructura a partir de los modelos simultáneos de oferta y demanda, por lo cual se obtienen los precios y cantidades demandadas simultáneamente. Comprobamos la hipótesis de exogeneidad en gasto debido a que las ecuaciones de demanda se expresan en términos de gastos realizados, tal que el gasto total (variable explicativa) será la suma de los gastos acometidos en cada una de las partidas (variables por explicar), y por tanto, puede adolecer de endogeneidad. Como en la revisión de la bibliografía científica que hemos realizado, recurrimos a la técnica de variables instrumentales para considerar las variables relativas a los gastos como explicativas endógenas (Attfield, 1985; Bronsard y Salvas-Bronsard, 1984). Los instrumentos que hemos empleado para estimar los gastos son variables que hacen referencia a la composición del hogar familiar y a la escolaridad y situación laboral de los padres.

Una vez corregida la desviación en las estimaciones que pudiera ocasionar el problema de endogeneidad, completamos el análisis de la participación presupuestaria calculando las elasticidades gasto para el bien i, eiMA = 1 + μi/wi, en que μi = ∂wi/∂ ln (MA):

El supuesto de preferencias débilmente separables permite la estimación de las elasticidades gasto para la segunda etapa con respecto a las elasticidades obtenidas para el gasto total (eiM) y para el presupuesto de bebidas alcohólicas (eiMA):

en que ei es la elasticidad gasto con respecto al gasto total que se obtiene en la primera etapa del modelo. Todas estas elasticidades se han calculado para las medias de la muestra (Manser, 1976).

Las elasticidades precio marshallianas son obtenidas como , en que μij = ∂wi/∂ ln (Pj) con δij = 1 para i = j, y 0 en caso contrario:

Finalmente, una vez calculadas las elasticidades gasto y precio marshallianas, estamos en posición de deducir las elasticidades precio hicksianas a partir de la ecuación de Slutsky:

(10)

II. Datos y métodos de estimación

Para la aplicación empírica de este trabajo empleamos dos encuestas nacionales españolas. Para conocer los consumos realizados por el individuo recurrimos a la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar (2000), mientras que para conocer los precios de las bebidas alcohólicas nos centramos en la Encuesta de Hogares (2000).

La Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar nos proporciona información del consumo de drogas realizado por la población estudiantil de secundaria en España. El primer dato que observamos es que el consumo de bebidas alcohólicas está muy generalizado entre los jóvenes españoles, ya que 90% afirma consumir estas bebidas. Puesto que nuestro principal objetivo es conocer cómo los estudiantes distribuyen su renta entre los distintos tipos de bebidas alcohólicas, hemos extraído una submuestra de 7 098 individuos con edades comprendidas entre los 14 y 18. Sólo hemos considerado los individuos que han consumido bebidas alcohólicas por dos motivos: el consumo de alcohol es generalizado, y en la segunda etapa del modelo necesitamos calcular la transformación logarítmica del gasto en bebidas alcohólicas, tal que si es 0 obtenemos un valor in válido. En cuanto a la encuesta, la principal ventaja de su empleo es que es representativa de los estudiantes de secundaria a lo largo de todo el territorio español; el inconveniente es que no recoge aquellos individuos que han abandonado los estudios, o que todavía no han superado el nivel de primaria (véase cuadro 1).

El consumo de bebidas alcohólicas entre los estudiantes de secundaria

Las características sociodemográficas revelan que 47.5% de los entre vista dos son varones. El presupuesto semanal de los hombres y mujeres oscila entorno de 18.9 y 15.3 euros, respectivamente. Los varones destinan 36.8% de su presupuesto semanal a la adquisición de bebidas alcohólicas y las mujeres el 34.3%. Tanto hombres como mujeres dedican más de dos tercios de su presupuesto en bebidas alcohólicas a la adquisición de licores. En segundo lugar, los hombres prefieren consumir cerveza, mientras que las mujeres prefieren consumir vino. En promedio, los hombres han consumido bebidas alcohólicas durante 4.1 años, mientras que para las mujeres dicho periodo se reduce a 3.6 años (véase cuadro 2).

Variables (n = 7 098 individuos)

Como hemos comentado líneas arriba, las peculiaridades de la base de datos desaconsejan deflacionar la renta por otras características sociodemográficas. En el cuadro 3, comprobamos que la edad del estudiante está claramente correlacionada con el número de periodos que lleva un individuo consumiendo bebidas alcohólicas, ya que a mayor edad del estudiante, mayor es el número de periodos desde que comenzó a beber. Si incluyésemos la edad del estudiante en el modelo, estaríamos introduciendo un problema de multicolinealidad, cuyas consecuencias serían más graves que emplear la renta sin deflacionar, pues al fin y al cabo se trata de estudiantes cuya diferencia de edad oscila como máximo en 4 años (véase cuadro 3).

Edad, edad de inicio y número de años consumiendo bebidas alcólica

La Encuesta de Hogares se levanta en unos 5 mil hogares al año para conocer sus hábitos alimentarios, y proporciona información de los productos que estos adquieren y cuánto pagan por ellos. La ventaja sobre la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares (a partir de la cual se obtiene el índice de precios al consumidor) es doble. Por un lado, la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares sólo computa el gasto en bebidas alcohólicas realizado en supermercados u otro tipo de tiendas, mientras que no considera el de restaurantes o bares, entre otros establecimientos. Por otro, la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares considera las bebidas alcohólicas como un bien agregado, mientras que la Encuesta de Hogares la distingue en tres grupos: vino, cerveza y licores, lo que nos permite estimar la segunda etapa del modelo. Para emplear los precios proporcionados por la Encuesta de Hogares con los microdatos de la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar, obtenemos los precios me dios familiares por Comunidades Autónomas.

Trabajar con precios medios según Comunidad Autónoma nos plantea ventajas e in convenientes. El principal in conveniente radica en el limitado máximo nivel de agregación (n = 17). No obstante, la dispersión regional en precios no desaconseja su empleo, pues por ejemplo en el caso de los licores observamos un valor mínimo de 0.83 euros/consumición y un valor máximo de 1.24 euros/consumición, lo que representa una variación en el precio de 49%. La distribución de precios es pequeña a lo largo de todo el rango de precios, y en cada Comunidad Autónoma hay un número suficiente de encuestados para que estos valores no re presenten puntos extremos aislados. Los precios regionales representan una medida general tan amplia que en realidad apenas explican las variaciones de precios derivadas en diferencias de calidad (Angulo et al, 2001), lo que si bien les hace perder valor explicativo, también garantiza que no les afecta aspectos vinculados a las decisiones individuales (véase cuadro 4).

Precio de las bebidas alcohólicas por Comunidad Autónomaa (n = 17)
a

La Encuesta de Hogares (2000) no proporciona los precios de las bebidas alcólicas para Ceuta y Melilla.

Las variables dependientes consideradas en el modelo son las participaciones presupuestarias semana les en bebidas alcohólicas y otros bienes (alcohol y otros) para la primera etapa, y las participaciones presupuestarias semana les en bebidas alcohólicas destinadas a la adquisición de vino, cerveza y licores (vino, cerveza y licores) para la segunda. En cuanto a las variables independientes, hemos introducido el número de años que el individuo lleva consumiendo bebidas alcohólicas, los precios de los correspondientes grupos de bienes y el gasto destinado a su adquisición (NBebida, PrecioAlcohol, PrecioOtros, PrecioVino, PrecioCerveza, PrecioLicores, Gasto y GastoAlcohol).

Respecto al procedimiento de estimación, la condición de agregación se mantiene siempre y cuando se omita una ecuación para evitar la singularidad en el sistema. En relación con el término de error, inferimos que satisface los supuestos estándar de las perturbaciones aleatorias, es decir, distribución normal, incorrelacionado serialmente y correlacionado contemporáneamente. Dadas estas características, procedemos a estimar mediante el método de máxima probabilidad, pues las estimaciones resultantes son congruentes y eficientes asintóticamente. Los coeficientes y las proporciones t de la ecuación omitida se obtienen imponiendo las condiciones de agregación, homogeneidad y simetría, además de definir λ como una función diferenciable y homogénea de grado 0 en precios P. Para resolver el problema de endogeneidad de las variables explicativas Gasto y GastoAlcohol, empleamos la técnica de variables instrumentales, ya que se estimar simultáneamente los gastos y las participaciones presupuestarias en los distintos bienes. Los instrumentos empleados nos informan de la composición del hogar y la escolaridad y situación laboral de los padres.

III. Resultados

El cuadro 5 contiene la estimación para el modelo SDCCI correspondiente a la primera etapa. Todos los coeficientes son aceptados a un nivel de significación de 1%. El primer resultado que destacamos es que la participación presupuestaria destinada a la adquisición de bebidas alcohólicas está negativamente correlacionada con el precio de éstas, y positivamente correlacionada con el presupuesto disponible. Las elasticidades gasto revelan que las bebidas alcohólicas se comportan como bienes de normales ordinarios para hombres y mujeres, si bien los valores de estas elasticidades están bastante próximos a 1. En cuanto al efecto de la acumulación de adicción, observamos que a mayor número de años consumiendo bebidas alcohólicas, mayor es la participación presupuestaria destinada a su adquisición. En esta primera etapa las diferencias de género son prácticamente imperceptibles (véase cuadro 5).

Estimación SDCCI: Primera etapaa
a

EstGasto corresponde a una estimación del gasto mediante la técnica de variables instrumentales. Los instrumentos empleados son variables ficticias que hacen referencia a la composición del hogar y la escolaridad y la situación laboral de los padres.

***, ** y * indican un nivel de significación individual de 1. 5 y 10%, respectivamente.

En el cuadro 6 presentamos la estimación del modelo SDCCI para cada tipo de bebida alcohólica. Si se incrementa el precio del vino, para los hombres se reduce la participación presupuestaria destinada a su adquisición, mientras que para las mujeres aumenta. Si se incrementa el precio del vino, y se re duce la partida presupuestaria destinada a su compra, entonces podemos afirmar que cae la demanda de los productos vitícolas. En caso de que la partida presupuestaria aumente, a priori, no sabemos que ocurre con la demanda (aumenta, disminuye o permanece constante), pues dicho incremento en la partida presupuestaria bien podría deberse únicamente al aumento del precio. Si se incrementa el precio de la cerveza, tenemos evidencia empírica que para los hombres se reduce el presupuesto destinado a su adquisición, mientras que para las mujeres se reduce la participación presupuestaria destinada a la adquisición de licores. Si se incrementa el precio de los licores, para los hombres se incrementa la participación presupuestaria destinada a la adquisición de vino, y se reduce la relativa a los licores; mientras que para las mujeres, se reduce la participación presupuestaria destinada a la adquisición de cerveza. Si se incrementa el gasto destinado a la adquisición de bebidas alcohólicas, para los hombres se reduce la participación presupuestaria en vino, y se aumenta la de los licores; mientras que para las mujeres se incrementa la participación presupuestaria en cerveza. En cuan to la acumulación de adicción, observamos, que independientemente del género, está positivamente correlacionada con las participaciones presupuestarias destinadas a la adquisición de cerveza para las mujeres, y de vino para hombres y mujeres. Esta correlación es negativa para el caso de la participación presupuestaria destinada a la adquisición de licores (véase cuadro 6).

Estimación SDCCI: Segunda etapaa
a

EstGastoAlcohol corresponde a una estimación del gastoalcohol mediante la técnica de variables instrumentales. Los instrumentos empleados son variables ficticias que hacen referencia a la composición del hogar y la escolaridad y la situación laboral de los padres.

***. ** y * indican un nivel de significación individual del 1, 5 y 10 por ciento.

Las elasticidades gasto revelan que para los hombres la cerveza y los licores se comportan como bienes de lujo, mientras que para las mujeres hay evidencia empírica de que el vino se comporta como un bien normal ordinario. El análisis de las elasticidades precio también revela otras diferencias de género. Para los hombres, si se incrementa el precio de los licores cae la demanda de éstos. En cuanto a las elasticidades precio cruzadas, si aumenta el precio de la cerveza y de los licores se incrementa la demanda de vino entre los varones. Para las mujeres, las elasticidades precio cruzadas revelan que un incremento del precio de vino reduce la demanda de la cerveza y viceversa.

Conclusiones

Desde una perspectiva de la psicología y la sociología nos encontramos con un número creciente de artículos que ver san en las diferencias de consumo de alcohol entre hombres y mujeres (Graña et al, 2000; Jones et al, 2001; Mäkela y Mustonen, 2000). En este trabajo pretendemos indagar en estas diferencias de género desde una perspectiva del análisis económico, sien do por tanto las variables monetarias, precio y rentas fundamentales en la investigación.

Entre los principales resultados obtenidos destacamos que si se incrementa el precio de las bebidas alcohólicas, o se reduce el presupuesto disponible, la participación presupuestaria destinada a la adquisición de bebidas alcohólicas se reduce. Con la segunda etapa del modelo tenemos en cuenta los efectos colaterales que se producen al incrementar el precio de una bebida alcohólica en particular. Comprender la dimensión de estos efectos es de vi tal importancia, pues justifica que no toda bebida alcohólica sea gravada con la misma intensidad. Así, por ejemplo, si se incrementa el precio de la cerveza, observamos que para los hombres se incrementa la participación presupuestaria en vino, el cual por tener una concentración superior de alcohol se consideran una bebida más perniciosa. En este caso, habría que replantearse si una política centrada en el aumento de los impuestos de la cerveza persigue reducir el consumo abusivo de alcohol o sólo incrementar la recaudación impositiva.

En cuanto a las principales diferencias de género, la cerveza y los licores se comportan como bienes de lujo para los hombres, y el vino como un bien ordinario para las mujeres.

Clasificación JEL: D0, D1, I1.

Notas al pie:
  • 1

    Para resolver el problema debemos presumir que la función de utilidad es débilmente separable, , en la que es la utilidad obtenida de las bebidas alcohólicas, tal que agrega los distintos tipos de bebidas: , en que representa el consumo de vino, el consumo de cerveza, y el consumo de licores.

  • 2

    Para la resolución del problema debemos imponer que la función de utilidad de las bebidas alcohólicas, , es débilmente separable en los distintos tipos de bebida.

  • 3

    , en que son los bienes intermedios producidos por consumidor, y S es un escalar que representa el número de periodos que lleva el individuo consumiendo bebidas alcohólicas.

  • 4

    Adoptamos una única acumulación de adicción pues los distintos tipos de bebidas hacen referencia a un mismo grupo de bienes, por tanto representan una única fuente de dependencia (Bask y Melkersson, 2001).

  • 5

    Esta condición se satisface si y .

  • 6

    El modelo se ha trascrito para la segunda etapa, pues la adaptación para la primera es bastante similar. La formulación se puede solicitar a la autora.

Referencias bibliográficas
  • Angulo, A., J. Gil, y A. García (2001), "The Demand for Alcoholic Beverages in Spain", Agricultural Economics, 26, pp. 71-83.
  • Attfield, C. (1985), "Homogeneity and Endogeneity in Systems of Demands Equations", Journal of Econometrics, 27, pp. 197-209.
  • Banks, J., R. Blundell, y A. Lewbel (1997), "Quadratic Engel Curves and Consumer Demand", The Review of Economics and Statistics, 79, pp. 527-539.
  • Bask, M., y M. Melkersson (2001), "Rationally Addicted to Drinking and Smoking?", Umeå University Working Paper.
  • Becker, G., y K. Murphy (1988), "A Theory of Rational Addiction", Journal of Political Economy, 96, pp. 675-700.
  • ______, M., Grossman, y K., Murphy (1991), "Rational Addiction and the Effect of Price Consumption", The American Economic Review, 81, pp. 237-241.
  • ______, ______, y ______ (1994), "An Empirical Analysis of Cigarette Addiction", American Economic Review, 84, pp. 396-418.
  • Bronsard, C., y L. Salvas-Bronsard (1984), "On Price Exogeneity in Complete Demand Systems", Journal of Econometrics, 24, pp. 235-247.
  • Cook, P., y M. Moore (2001), "Environment and Persistence in Youthful Drinking Patterns", J. Gruber (comp), Risky Behaviour among Youths: An Economic Analysis, Chicago, Chicago Press.
  • Deaton, A., y J. Muellbauer (1980), Economics and Consumer Behavior, Cambridge, Cambridge University Press.
  • Encuesta Hogares (2000), Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
  • Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar (2000), Madrid, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.
  • Graña, J. L., M. J. Muñoz, y S. Delgado (2000), Investigación sobre el consumo de drogas en adolescentes de Majadahonda: factores de riesgo y de protección, Madrid, Ayuntamiento de Majadahonda.
  • Greenfield, T. (2000), "Ways of Measuring Drinking Patterns and the Difference They Make: Experience with Graduated Frequencies", Journal of Substance Abuse, 12, pp. 33-49.
  • Gual, A., A. Rodríguez-Martos, A. Lligoña, y J. Llopis (1999), "Does the Concept of a Standard Drink Apply to Viticultural Societies?", Alcohol & Alcoholism, 34, pp. 153-160.
  • Hausman, J. (1978), "Specification tests in econometrics", Econometrica, 46, páginas, 1251-1272.
  • Holm, P. (1995), "Alcohol Content and Demand for Alcoholic Beverages: A System Approach", Empirical Economics, 20, pp. 75-92.
  • Jones, B., W. Corbin, y K. Fromme (2001), "A Review of Expectancy Theory and Alcohol Consumption", Addiction, 96, pp. 57-72.
  • Lancaster, G., R. Ray, y M. Valenzuela (1999), "A Cross-country Study of Equivalence Scales and Expenditure Inequality on Unit Record Household Budget Data", Review of Income and Wealth Series 45.
  • Lewis, M. A., y C. Neighbors (2006), "Who is the Typical College Student? Implications for Personalized Normative Feedback Interventions", Addictive Behaviors, 31, pp. 2120-2126.
  • Llopis, J., A. Gual, y A. Rodríguez-Martos (2000), "Registro del consumo de bebidas alcohólicas mediante la unidad de bebida estándar. Diferencias geográficas", Adicciones, 12, pp. 11-19.
  • Mäkela, K., y H. Mustonen (2000), "Relationship of Drinking Behaviour, Gender and Age with Reported Negative and Positive Experiences Related to Drinking", Addiction, 95, pp. 727-736.
  • Manser, M. E. (1976), "Elasticities of Demand for Food: Analysis Using Non-Addictive Utility Functions Allowing for Habit Formation", Southern Economic Journal, 43, pp. 879-891.
  • Michelini, C. (1999), "The Estimation of a Rank 3 Demand System with Demographic Demand Shifters from Quasi-unit Record Data of Household Consumption", Economics Letters, 65, pp. 17-24.
  • Murphy, J., M. McDevitt-Murphy, y N. Barnett (2005), "Drink and Be Merry? Gender, Life Satisfaction and Alcohol Consumption among College Students", Psychology of Addictive Behaviors, 19, pp. 184-191.
  • National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (1995), College Students and Drinking, Bethesda, U.S. Department of Health and Human Services.
  • Ray, R. (1983), "Measuring the Cost of Children: An Alternative Approach", Journal of Public Economics, 22, pp. 89-102.
  • Rodríguez-Martos, A., A. Gual, y J. Llopis (1998). "La unidad de bebida estándar", como registro simplificado del consumo de bebidas alcohólicas y su determinación en España", Medicina Clínica, 112, pp. 446-450.
  • Yeh, M., I. Chiang, y S. Huang (2006), "Gender Differences in Predictors of Drinking Behavior in Adolescents", Addictive Behaviors, 31, pp. 1929-1938.
Historial:
  • » Recibido: 24/03/2008
  • » Aceptado: 12/02/2009
  • » Publición impresa: 2009Oct-Dec

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


Revista El Trimestre Económico, volumen LXXXVII (1), número 345, enero-marzo de 2020. Es una publicación trimestral que aparece en enero, abril, julio y octubre, editada por el Fondo de Cultura Económica, con domicilio en  Carretera Picacho Ajusco número 227, Col. Bosques del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P.  14738, Ciudad de México, teléfono (55) 5227 4672, ext. 1850, http://www.eltrimestreeconomico.com.mx/. Reserva de derechos al uso exclusivo  Número 04-2016-052612421000-203, ISSN 2448-718X. Ambos otorgados por el Instituto del Derecho de Autor. Consejo Directivo de El Trimestre Económico: Orlando Delgado Selley, Saúl Escobar Toledo y José Valenzuela Feijóo. Responsable de la última actualización de este número: Nuria Pliego Vinageras. Fecha de la última actualización: 2 de enero de 2020. La responsabilidad por lo expresado en los artículos, notas y reseñas es  estrictamente de sus autores; en consecuencia El Trimestre Económico, el Fondo de Cultura Económica y las instituciones a las que estén asociados los autores son ajenos a ella. Todos los derechos reservados. Se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos  aquí presentados, siempre y cuando no se mutile y se incluya en todos los casos, junto con la ficha completa, el nombre del autor al que se cite y la  dirección electrónica de la revista; de otra forma, requerirá la autorización por escrito de El Trimestre Económico.