La necesidad de no repetir la historia. Enrique Cárdenas, El largo curso de la economía mexicana. De 1780 a nuestros días

El largo curso de la economía mexicana de Enrique Cárdenas es un libro monumental que ofrece una visión panorámica de poco más de dos siglos. Esta ambiciosa aproximación, dirigida a un público estudiantil, ensancha la perspectiva del lector y, en sus mejores momentos, puede leerse no sólo como un documento de consulta económica, sino como un testimonio de la evolución política y social del país.

Los dilemas de la historia económica

La historia económica enfrenta muchas veces el reto de articular hechos difusos y episodios dispersos o de conjuntar cifras asistemáticas. Por eso, requiere tanto de una enorme acuciosidad para recopilar datos como de un enfoque teórico para interpretar el material acumulado.

En efecto, muchos de los grandes libros de historia económica conjugan la solidez empírica con un marco de interpretación de largo alcance, así como con la utilización de diversas disciplinas. Eso permite probar hipótesis novedosas y, muchas veces, controvertidas, que cambian nuestra concepción del pasado y del presente.1

En el caso de este libro, Enrique Cárdenas ha elegido dar mucho mayor peso a la presentación de datos y hechos que a la aplicación de grandes teorías y evaluaciones, por lo que deja la última palabra a sus lectores.

Cárdenas se centra en la economía mexicana con pocas analogías y comparaciones internacionales, aborda desde el entorno más general hasta el desempeño específico de los sectores y maneja con soltura las fuentes más relevantes para las distintas épocas. Debido sin duda a la escasez y heterogeneidad de los datos, las abundantes cifras que se ofrecen no siempre resultan uniformes y comparables entre sí. Sin embargo, constituyen información útil en la que el lector puede profundizar por su propia cuenta.

Entre los rasgos destacables de esta obra conviene mencionar que desmitifica algunos lugares comunes en torno a etapas específicas de la historia mexicana y hace evidentes debilidades muy añejas de la economía.

Me gustaría reconstruir, en mis palabras, el recorrido que hace Enrique y, posteriormente, compartirles algunas de mis propias inferencias, después de leer su vasto recuento.

El accidentado curso de la economía mexicana

El periodo de estudio parte de las postrimerías de la Colonia, cuando la economía de la Nueva España parece tener un desempeño sobresaliente, que se refleja en un fastuoso crecimiento urbano. Por supuesto, detrás de esta prosperidad, subsistían problemas como los rendimientos decrecientes de la minería, la escasa diversificación de las actividades económicas, el ahogo impositivo y la desigualdad social.

Las disputas de España con Inglaterra y Francia agudizaron la exacción a las colonias y, por ejemplo, John Coatsworth, citado por el autor, señala que la carga impositiva del Imperio español sobre la Nueva España era 35 veces mayor que la del británico sobre sus colonias en el norte de América.

La invasión napoleónica a España ofreció la coyuntura para la Independencia, aunque la magnitud y duración de la guerra iniciaron un periodo de involución económica, del que se requirieron muchas décadas para recuperarse. Los incipientes mercados se desintegraron, obligando, en muchos casos, a volver a las actividades de subsistencia.

Tras la fase militar más álgida, la economía comenzó una recuperación gradual, basada en la reactivación de la minería y el nacimiento de la industria textil. Cabe hacer una digresión: como señala Enrique, en esas fechas México era prácticamente monoexportador de plata; sin embargo, si se observa que hacia 1980 las exportaciones del país descansaban en el petróleo, es posible constatar la dificultad histórica para diversificar las exportaciones.

Por lo demás, volviendo a los inicios de la etapa independiente, incluso la frágil reanimación económica estaba amenazada por las guerras y asonadas políticas, entre ellas la disputa bélica contra los Estados Unidos, los cruentos enfrentamientos entre conservadores y liberales, y la Intervención francesa.

Me llama la atención que el mero diseño de normas más modernas no siempre tuvo una aplicación exitosa en un entorno inadecuado. Por ejemplo, las Leyes de Reforma y su desamortización de las tierras comunales y eclesiásticas no produjeron, como era su propósito, una distribución más eficiente de la propiedad o el surgimiento de una clase media amplia y emprendedora, sino que contribuyeron a la concentración de la riqueza. Además, afectaron las economías locales y empobrecieron a la población indígena al trastocar las actividades de crédito y beneficencia de la Iglesia.

La estabilidad inducida por el régimen de Porfirio Díaz, la introducción del ferrocarril, la evolución del sistema bancario y financiero y, sobre todo, el establecimiento de un marco institucional que daba garantías a los derechos de propiedad y al cumplimiento de los contratos fueron esenciales para formar un mercado interno e impulsar las exportaciones.

Esta mayor certidumbre jurídica fue fundamental para atraer la inversión extranjera y fomentar iniciativas locales. Recordemos, por ejemplo, que en 1864 Antonio Escandón, artífice de la industria ferroviaria, se había visto en la necesidad de registrar su empresa en Londres para mayor protección.

Así, en estas décadas, la economía mexicana comenzó a incorporar nuevas tecnologías y a incrementar su productividad. Cabe mencionar aquí otra aportación de Cárdenas, quien ilustra que, desde el siglo XIX, el proceso natural de integración entre las economías de México y los Estados Unidos ya era notable.

Empero, la evolución económica del periodo acumulaba dentro de sí algunas contradicciones, como la desigualdad social. La dificultad para procesar la sucesión de Porfirio Díaz y la inconformidad de varios sectores propiciaron la Revolución mexicana, cuyas secuelas causaron grandes afectaciones económicas y volvieron a dividir al país. La penuria fue amplificada por una crisis financiera que se manifestó en la virtual desaparición de los medios de pago y la profusión de los famosos bilimbiques, es decir, el papel moneda chatarra.

La recuperación de la normalidad no se daría sino hasta la década de 1920, en un nuevo marco institucional: la Constitución de 1917. Durante los primeros regímenes posrevolucionarios se reconstituyeron las relaciones diplomáticas y se sentaron nuevos fundamentos institucionales para el crecimiento, como la creación del Banco de México.

La Gran Depresión de 1929 y su impacto sobre el país consolidaron la tendencia de los gobiernos mexicanos a jugar un papel protagónico en la economía. Ello se hizo evidente, en particular, con las políticas y medidas de nacionalización implantadas por Lázaro Cárdenas que generaron polarización.

La segunda Guerra Mundial favoreció el incremento de las exportaciones y la mayor industrialización. Se inició luego la etapa del desarrollo estabilizador, caracterizada por altas tasas de crecimiento y baja inflación, así como por un mejoramiento del bienestar.

Si bien esta estrategia hacia adentro fue fundamental para moldear el rostro urbano y moderno del país, su anquilosamiento generó distorsiones en la asignación de recursos e ineficiencias. Las políticas económicas posteriores condujeron a crecientes déficits fiscales y deuda externa, haciendo extremadamente vulnerable a la economía frente a los choques internacionales.

La historia ulterior la conocemos muy bien. En 1976 estalló la crisis, aunque el auge petrolero brindó un último impulso a una estrategia económica rebasada, que colapsó definitivamente en 1982. Tras años de austeridad forzada y estancamiento, a partir de 1988, se implantaron reformas que incluyeron la mayor apertura de la economía y cambiaron la estructura económica y el esquema de incentivos.

Estas reformas generaron expectativas muy positivas, que convirtieron a México en un receptor considerable de capitales, lo que, sin embargo, condujo a una crisis de balanza de pagos en 1994. La situación obligó a liberar el tipo de cambio, emprender una mejor regulación del sistema financiero y fortalecer la disciplina fiscal y monetaria. Desde entonces, estos cambios le han brindado al país una mayor capacidad para lidiar con situaciones difíciles y aprovechar oportunidades.

Aprender de la experiencia

Toda esta historia que me he permitido resumir, Enrique Cárdenas la aborda con detalle. Queda a los especialistas de cada periodo evaluar la exactitud de su reconstrucción. Sin embargo, para los lectores comunes esta meticulosa reseña nos deja un gran aprendizaje, pues recupera y refresca la memoria.

Como señala el propio Enrique, si bien la economía responde a circunstancias singulares que no siempre se replican, la historia permite aprender de la experiencia, pues al entender mejor el pasado, se tienen mejores elementos para indagar el presente y visualizar el futuro.

El repaso al que nos ha convidado Enrique nos permite concluir que la falta de cohesión social, la ausencia de un marco institucional adecuado, las barreras a la inversión y el funcionamiento de la economía, y los errores de política económica, entre otros, han sido fenómenos recurrentes a lo largo del tiempo. Estos factores se han reflejado en una evolución económica accidentada.

En este sentido, la historia de México comparte dramáticas analogías con las de las demás naciones latinoamericanas, en tanto que contrasta con la trayectoria de países avanzados como los Estados Unidos.

Si bien nuestra historia económica en estos siglos está lejos de ser un caso de éxito, queda claro que se ha avanzado en construir las bases para un mayor progreso. El libro de Enrique nos invita a hacer conciencia sobre los factores del desarrollo y convertir lo que ha sido un curso tortuoso en un horizonte más halagüeño.

Notas al pie:
  • Texto usado en la presentación del libro El largo curso de la economía mexicana. De 1780 a nuestros días, el día 6 de octubre de 2015. Las opiniones vertidas son responsabilidad exclusiva del autor y no representan de ninguna manera las de la institución en donde labora.

  • 1

    Un ejemplo de este tipo de aproximación es la obra de Robert Fogel y particularmente Fogel (2000). The Fourth Great Awakening & the Future of Egalitarism, The University of Chicago Press, Chicago, en el que hace asociaciones de larga data entre los movimientos religiosos y la evolución del igualitarismo y la equidad de oportunidades en los Estados Unidos.

Historial:
  • » Publición impresa: 2016Apr-Jun

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Revista El Trimestre Económico, volumen LXXXVI (3), número 343, julio-septiembre de 2019. Es una publicación trimestral que aparece en enero, abril, julio y octubre, editada por el Fondo de Cultura Económica, con domicilio en  Carretera Picacho Ajusco número 227, Col. Bosques del Pedregal, Delegación Tlalpan, C.P.  14738, Ciudad de México, teléfono (55) 5227 4672, ext. 1850, http://www.eltrimestreeconomico.com.mx/. Reserva de derechos al uso exclusivo  Número 04-2016-052612421000-203, ISSN 2448-718X. Ambos otorgados por el Instituto del Derecho de Autor. Consejo Directivo de El Trimestre Económico: Julio Boltvinik, Orlando Delgado Selley, Saúl Escobar Toledo y José Valenzuela Feijóo. Responsable de la última actualización de este número: Nuria Pliego Vinageras, Secretaria Técnica, Fecha de la última actualización:  5 de julio de 2019. La responsabilidad por lo expresado en los artículos, notas y reseñas es  estrictamente de sus autores; en consecuencia El Trimestre Económico, el Fondo de Cultura Económica y las instituciones a las que estén asociados los autores son ajenos a ella. Todos los derechos reservados. Se autoriza la reproducción total o parcial de los artículos  aquí presentados, siempre y cuando no se mutile y se incluya en todos los casos, junto con la ficha completa, el nombre del autor al que se cite y la  dirección electrónica de la revista; de otra forma, requerirá la autorización por escrito de El Trimestre Económico.